La Directiva 93/76/CEE, relativa a la limitación de las emisiones de dióxido de carbono mediante la mejora de la eficiencia energética, obliga a los estados miembros de la Unión Europea a establecer y aplicar programas relativos a la Certificación Energética de Edificios. Esta calificación aporta información sobre la eficiencia energética del edificio a los usuarios, pudiendo incluir también opciones para la mejora de dichas características energéticas.
El RD 47/2007 establece que todos los edificios de nueva construcción deberán incorporar, desde su concepción, una etiqueta energética, similar a la que ya disponen electrodomésticos, equipos de aire acondicionado y hasta automóviles. Esta etiqueta determina el nivel de demanda energética del edificio, estableciéndose 7 categorías que van desde la A (más eficiente) hasta la G (menos eficiente).
Esta valoración de ahorro, se realiza en función al CO2 emitido por el consumo de energía de las instalaciones de calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria e iluminación. Esta etiqueta incluye el consumo estimado de energía y las emisiones de CO2 asociadas del edificio.

Las carpinterías Deceuninck gracias a sus altos valores aislantes ayudan a conseguir clasificaciones superiores sin incrementar el coste de sus proyecto.
Las clasificaciones van de la clase A a la clase E para nuevos edificios, y las clases F y G para viejos. Las clases F y G están prohibidas para la nueva construcción.
A la hora de obtener la calificación del edificio, se ha propuesto poder escoger entre dos opciones (general y simplificada), y según la opción escogida se puede acceder a una clase de eficiencia u otra.
La opción general permite acceder a las calificaciones superiores (clases A, B, C). En ella se utilizan los programas de cálculo de referencia, que deben estar reconocidos como tales para ser válidos para obtener el certificado. Actualmente son los ya nombrados LIDER y CALENER.
La opción simplificada se basa en el cumplimiento de los mínimos que marca el CTE. Si se utiliza esta metodología más sencilla para el cálculo de la eficiencia del edificio, sólo se pueden obtener las clases D o E. Por ello, un edificio podría obtener una calificación más baja si en el cálculo se utiliza la opción simplificada que si se utiliza la opción general. La clase de eficiencia en este caso se obtiene de manera indirecta, a través de soluciones técnicas que mejorarían el comportamiento energético del edificio respecto a los requisitos básicos que marca el CTE. Estas soluciones técnicas estan recogidas en una guía, y la adopción de unas u otras determinan la calificación definitiva, D o E.
En la fase de proyecto se debe calcular la demanda de energía del edificio a proyectar con un programa de cálculo homologado. El programa modelizaría los datos de consumo eléctrico total, a partir de una descripción del edificio que incluiría características de la envolvente, la ventilación y orientación, las condiciones ambientales interiores, la existencia de sistemas solares pasivos y protecciones solares, las instalaciones de calefacción, ACS y aire acondicionado y las de iluminación.
A continuación se pasaría a calcular la calificación energética del edificio, es decir, la eficiencia energética de un edificio respecto a uno convencional. Hasta el momento, el único programa reconocido es el CALENER.
La herramienta CALENER compararía el edificio modelado con un edificio "estándar" de características similares, situado en la misma
localidad geográfica y cuyo comportamiento energético ha sido analizado en un estudio de campo. En función de esa comparación, el programa le asigna una clase de eficiencia energética, de la A a la G.
Finalmente, con esta calificación en una categoría (de la G a la A) se emiten el certificado energético y la etiqueta provisionales. Posteriormente, durante la ejecución del edificio, mientras está siendo construido y acabado, se comprobaría que esta eficiencia simulada en la fase proyecto coincide con el funcionamiento energético real. Se obtiene la calificación energética del edificio acabado, se reajustan los datos a la calificación adecuada si es necesario, y se otorga el certificado definitivo.
El certificado de eficiencia energética se debe incluir en el libro del edificio y tiene una vigencia de 10 años, tras los cuales el edificio se debería volver a calificar para que la etiqueta que muestre sea adecuada a la realidad del edificio.